domingo, 17 de mayo de 2015

Una vez más

Rojas, como las rosas que brotan en la nieve, como el blanco pelaje ensangrentado de aquella bestia. Una bestia inofensiva, por aquella situación que la hacía tan vulnerable.
- No le dejes morir.- Te supliqué con una mirada inocente y triste.
Miraste de nuevo a aquel lobo herido, con indiferencia, y pusiste la mano en la empuñadura de tu espada.
Me acerqué y cogí tu mano, cuando me volviste a mirar tu expresión cambió completamente, tus ojos guardaban temor.
Me lancé sobre el cuerpo de aquel animal y lo abracé.
- Será nuestro secreto.- Dijiste.
Sentí alivio al escuchar esas palabras, viviría. Aún no sé que es lo que te hizo cambiar de opinión, pensé que viste en aquellos ojos carmesí a la niña que salvaste de ser ahogada, ambas criaturas indefensas, al borde de la muerte.
¿Siempre habías tenido debilidad hacia lo desprotegido, lo débil? quizá ante esos actos estaba la desesperanza de un hombre que buscaba su salvación. ¿Había sido tan dura tu vida que encontrabas refugio en la inocente existencia de los demás?
Lo que seguramente no sabías, era que esos actos serían tu sentencia. Una vez más me habías salvado, y una vez más te habías condenado.