El invierno iba acompañado del vacío de memorias que antes estuvieron allí y ahora sólo yacen en un pensamiento, una imagen, una palabra.
El frío me recordaba que no podía mantener todo aquello en mi interior, como el fuego de una vela siendo consumido. ¿Tú también sientes ese frío?
Acaricié el pelaje rasposo del animal que remplazaba tu compañía, él me miró a los ojos como si realmente pudiera verme, comprenderme. Agachó su cabeza y la reposó en mi regazo. Por alguna extraña razón, sólo entonces, comprendí que estarías bien, allí donde estuvieras.
- Vuelve pronto.- susurré.